
JORDI PÉREZ LLAVADOR
Director del Departamento de Comunicación e Información Periodística del CEU Cardenal Herrera
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¿Qué son las fake news?
Antes le llamábamos rumores, mentiras, infoxicación, pero ahora le llamamos fake news. No han dejado de ser noticias, aunque yo no le llamaría así, sino informaciones no contrastadas, a veces trasladadas voluntariamente y otras veces no, pero no dejan de ser mentiras.
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¿Ha habido una evolución de las noticias falsas?
Desde el punto de vista técnico, ahora es mucho más sencillo trasladar ese rumor. Antes el rumor se podía trasladar boca a boca y tenía sus limitaciones físicas. Ahora utilizas unos medios muy personales, ese rumor o esa mentira tiene muchísimas oportunidades, ya que tiene una velocidad vertiginosa. Por ello, llega a muchísima gente y lo convertimos en fake news. Yo le quitaría el news, porque eso sí que nos lleva a confusiones, es otra fake. Fake sobre fake. El cambio ha sido cualitativo y cuantitativo.
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¿Falta alfabetización por parte de la sociedad?
La relación de la ciudadanía, al menos en los países latinos, con los medios de comunicación siempre ha sido un poco complicada. Introdujimos en las escuelas algunas materias relacionadas con la lectura de prensa, etc. Hay que alfabetizar, sobre todo para saber qué es un medio de comunicación (incluidas las redes sociales) y cómo podemos utilizarlos, y lo tenemos que hacer de dos maneras. Vamos a autodefendernos no sólo de los medios, sino de otros personajes o de otras élites que pueden funcionar por las redes sociales, pero también debemos aprender a utilizarlas. No es educación para la ciudadanía, es una enseñanza básica que se puede introducir en los colegios, porque si los móviles empiezan a utilizarse a los 8 años, desgraciadamente, tendremos que enseñar a los críos a cómo utilizar ese móvil, más allá de si me meto en una página impertinente o no. Nosotros, como ciudadanos, estamos trasladando información y eso conlleva una responsabilidad.
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¿El Gobierno/Estado debería tratar de controlar las fake news o correríamos el riesgo de que pudieran coartar la libertad de expresión?
Ya hay una iniciativa interesante en la Unión Europea y diversas oficinas que están trabajando en este sentido. Ahí tenemos una duda enorme, porque, ¿hasta qué punto están los gobiernos para desmentir cuestiones que pueda decir la sociedad civil? Obviamente, eso lo tendrían que determinar una serie de expertos y no de políticos, lo cual también es peligroso. Si hay noticias que están infectando parte de la sociedad civil y que son estratégicamente falsas, por lo menos habría que desmentirlas, pero no anticiparse al silencio o no decir “no, usted no puede escribir esto” porque entonces ya estamos modificando las reglas del juego, que es una de las circunstancias que quieren también los estrategas de la desestabilización. Siempre que modifiques las reglas del juego es una victoria para el otro. No solo en la desinformación, sino en todas las guerras, en todas las luchas... Si deciden disminuir la libertad de expresión para no caer en bulos, enhorabuena, ustedes han ganado. Es un tema de preocupación porque ha pasado a ser algo estratégico. La guerra de la propaganda es una parte de la guerra y ya es una cuestión de relaciones internacionales. Es una cuestión política y eso se debe dirimir no desde el razonamiento político, porque el poder es el poder y me da igual el color, sino desde un conocimiento más especializado de expertos en la comunicación que puedan entrar ahí.
PEDRO ESTEPA MENÉNDEZ
Director y guionista.
Autor del corto Deep Soria
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¿Qué papel puede jugar el cine en las luchas sociales, en este caso en contra de las fake news? ¿Crees que puede ser un instrumento de concienciación?
En primer lugar, en cuanto a las noticias falsas, no existe una receta para combatirlas y que funcione al 100 %, pero lo que está claro es que los ciudadanos tenemos una gran responsabilidad. Debemos ser lo más exigentes posibles con las fuentes de información, es decir, tenemos que adoptar una actitud crítica ante la información que nos llega por cualquier canal y no podemos ser sujetos pasivos de datos. En este sentido, yo, como cineasta, creo que tengo una herramienta muy potente para combatirlas, o por lo menos denunciarlas: el cine. Si se consigue crear una reflexión en torno a una problemática, se ha conseguido el objetivo, ya que estaremos fortaleciendo el espíritu crítico de los ciudadanos. Por supuesto, el cine puede servir como un instrumento de concienciación para la sociedad y, más hoy en día, gracias a las plataformas de distribución de contenidos para difundir películas para concienciar, por ejemplo sobre el racismo, la xenofobia, el cambio climático… infinidad de problemáticas.
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¿Son las fake news un problema para la democracia actual? ¿Qué papel juegan los medios de comunicación tradicionales, los grupos de poder e incluso las redes sociales?
Creo que las noticias falsas son una gran amenaza no solo para la democracia, sino para cualquier sistema mínimamente organizado de convivencia. Yo digo que los bulos son armas de destrucción masiva. Allí donde se suelta una noticia falsa dinamita lo que pilla por delante, se mina la confianza entre instituciones, entre sociedad y medios de comunicación, entre empresas y entre grupos humanos a cualquier escala, como, por ejemplo, en una comunidad de vecinos o dentro de una familia. En la actualidad, lo estamos viendo claramente con la guerra de Ucrania, donde el presidente Putin tiene un claro interés en desinformar. La idea con Deep Soria es poner en cuestión la cantidad de noticias, muchas de ellas falsas, que nos llegan por distintos canales, advertir que no todo vale y dar un primer paso ante un peligroso problema que puede incluso hacer tambalear el estado del bienestar del que disfrutamos y derribar muchas cosas que nos han costado décadas construir.
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¿Es el nuevo entorno digital un ecosistema perfecto para la difusión de información falsa?
Como todo en esta vida, cualquier cosa tiene su parte positiva y su parte negativa. Sin duda, Internet y las nuevas tecnologías han conseguido cambiar la vida de las personas hacia mejor, han provocado avances y nos han hecho la vida más cómoda y sencilla, pero también puede usarse con fines no deseables. El entorno digital, sin duda, constituye un ecosistema perfecto para la propagación de las fake news, sobre todo porque les ofrece una gran rapidez y alcance de difusión, y todo ello desde el anonimato. Por eso, creo que, hoy más que nunca, los periodistas tienen una gran importancia, son aún más necesarios para combatir los bulos y la gran cantidad de información que se genera. Es una labor complicada, pero es la razón de existir de un periodista. Y, nosotros, como ciudadanos que somos, tenemos una gran responsabilidad, debemos ser lo más exigentes posibles con las fuentes de información.
RAFAEL RUBIO NUÑEZ
Doctor Derecho Constitucional y miembro del Foro de Gobierno Abierto del gobierno de España
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¿Qué/quién hay detrás de una fake new?
Yo creo que si queremos hablar de motivos habría tres. Por un lado, el motivo económico, es decir, hay gente que ha visto que así se gana pasta, que el mero hecho de promover información, independientemente de que sea verdad o mentira, le trae tráfico y, por lo tanto, le genera dinero, normalmente en publicidad. También dentro de la motivación económica está aquella gente a la que le pagan por desinformar, no tanto gente que le saca dinero a desinformar, sino que es contratada para desinformar. La segunda motivación es la influencia, yo miento para tratar de influir en una decisión concreta. Hay un tercer motivo que no pasa tanto por influir en las decisiones concretas, sino por la creación de un ambiente de desestabilización, que, quizás, en mi opinión, es lo que ocurrió en Estados Unidos en el año 2016. Es decir, no es tanto que gane Bush o que gane Hillary, lo que se busca es que el que gane esté deslegitimado. Son tres motivos distintos, podríamos hablar de motivos geopolíticos, en el sentido amplio, motivos económicos o motivos ideológicos de desestabilización, porque estos últimos pasan por acabar de deslegitimar el propio sistema democratico. No es tanto una decisión mundial o conspiranoica donde hay una serie de señores que han decidido que la desinformación campe por el mundo, sino que hay una multitud de actores a los que desinformar les resulta rentable.
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Con el nuevo ecosistema digital, nuestros procesos de información se ven muy influenciados por la sobreinformación y el algoritmo, ¿cómo afecta la desinformación a la construcción de la democracia?
Es verdad que la sobreinformación es la fuente de muchos de los problemas que se generan, pero una cosa es la causa y otra los efectos. Por tanto, la causa puede ser la sobreinformación a la que yo añadiría, por lo menos, un elemento temporal que es esencial e independiente de la sobreinformación, es decir, no solo hay mucha información, sino que hoy en día se transmite en tiempo real. Eso condiciona la reacción, la necesidad de espacio. Las dos consecuencias fundamentales son la fragmentación, que sí que es una consecuencia muy directa de la sobreinformación y, como consecuencia directa de la fragmentación, la polarización. La sociedad está cada vez más fragmentada, por tanto, cada vez tiende menos al diálogo y más al enfrentamiento y, a causa de esto, tiende a radicalizarse de una forma mayor. Al final, lo que acaba pasando es que en una sociedad polarizada es imposible dialogar o alcanzar consensos. Es una sociedad en la que cada vez hay más “dictaduras” de la mayoría frente a la defensa o la protección de las minorías, y eso, en mi opinión, es profundamente antidemocrático. Por tanto, desde una postura de imponer un sistema de enfrentamiento en vez de un sistema de diálogo, la desinformación acaba perjudicando a la democracia.
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Tú comentabas en una ponencia sobre desinformación en el Congreso de los diputados un paralelismo de Mark Zuckerberg que comparaba la desinformación con la guerra, ¿cómo de cierto es?
En términos generales podemos hablar de que la materia prima, la lógica del poder, ha cambiado. La lógica del poder durante mucho tiempo estuvo en lo militar, en lo económico, en lo material… De alguna manera, y esto parece ridículo decirlo con la guerra de Ucrania, el poder se ha desmaterializado, es decir, hay una parte del poder que tiene más que ver con la reputación, el prestigio, la capacidad de influencia sobre las acciones de los demás sin necesidad de utilizar medidas coactivas. Desde esa perspectiva, cuando hablamos de guerras de información, hablamos de esa sustitución de la materia prima física por una materia prima que es la información. Hoy en día, la información es un elemento esencial en términos económicos y también de poder. Por tanto, si la guerra es el ejercicio del poder, el elemento territorial sigue siendo importante, pero el elemento reputacional o informativo resulta esencial. Podemos decir que la desinformación es una nueva forma de guerra en el sentido de que son unos mecanismos que tratan de conquistar el poder, tratan de imponer la voluntad de unos frente a otros a través de luchas de información en las que los medios se convierten en las nuevas armas, la información es la nueva munición… Zuckerberg alargaba el paralelismo. Desde la perspectiva de que la información te permite conquistar el poder y proteger ese poder que has conquistado, podemos decir que la información es un arma de guerra. Lo estamos viendo con la guerra en Ucrania, militarmente, de alguna manera, al menos durante tres o cuatro semanas, la ha ganado Rusia, o sea, ha ido conquistando territorios ucranianos, pero la realidad es que la propia resistencia de Ucrania y, sobre todo, su posicionamiento como un estado que defiende la libertad frente a la invasión externa con un papel de liderazgo claro en términos comunicativos de su presidente Zelenski ha hecho que, independientemente del resultado final de la guerra, Ucrania haya ganado moralmente esta batalla. Moralmente no es una forma de hablar, es mucho más. Ha conseguido reconocimiento internacional, unos tratamientos, apoyos o alianzas internacionales que se van a mantener en el tiempo… Mientras que en el caso de Rusia, independientemente de que acabe ganando o no la batalla militar, habrá perdido la guerra, porque esta tiene que ver mucho con la información.
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¿Fallamos en cómo nos informamos?
Totalmente, somos víctimas de esto mismo. Informarse bien es súper sacrificado, entonces, como seguimos entendiendo la información como ocio... Nosotros no queremos informarnos, queremos divertirnos y estar informados. Nos dejamos llevar por la fórmulas más atractivas, donde estamos más a gusto, donde nos hacen pensar menos, donde nos cuestionan menos nuestras ideas… Y lo natural es que nos “alimentemos” mal, porque es mucho más cómodo comer 'fast food' que comer bien, porque hay que cocinarlo, prepararlo, buscar los ingredientes… Con la información pasa lo mismo. Es mucho más fácil estar mal informado que estar bien informado, porque estar bien informado exige sacrificio y los ciudadanos tendemos a creer que esto de la información es secundario. Lo que no entendemos es que lo natural es estar mal informado y, por tanto, no hacemos ningún esfuerzo extraordinario por esforzarnos bien. Por tanto, una gran parte de la responsabilidad de la desinformación es la del ciudadano, tanto porque consumimos información falsa, como porque muchas veces la distribuimos y nos convertimos en agentes involuntarios de la desinformación
ALEXANDRE LÓPEZ-BORRULL
Profesor de Ciencias de la Información y de la Comunicación en la Universitat Oberta de Catalunya
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¿Podemos decir que las redes sociales o el algoritmo de las mismas han hecho que nos informemos únicamente de lo que ya estamos seguros o aquello más afín a nuestros pensamientos?
Hay artículos un poco contradictorios actualmente, parece un poco lo del huevo y la gallina, ¿qué pasó antes la polarización o las redes sociales? ¿Las redes sociales han ayudado a la polarización o la polarización ya existía y se manifiesta a través de las redes sociales? Aún no está claro, hay muchos experimentos, pero es difícil encontrar una metodología esclarecedora. Lo que es verdad es que son cosas que se van retroalimentando: cuanto más polarización más presencia en las redes sociales, etc. Por ejemplo, en el tema de la desinformación, ya lo estamos viendo ahora en el caso de Ucrania, cuando la sociedad está muy movilizada al 80 o 90% a favor de Ucrania, por ejemplo, la desinformación que circula es mucho menor. ¿Por qué? Porque no tiene capacidad de entrar, pues la mayor parte de la gente está a favor de una cosa y no comparte los contenidos de la parte contraria. En cambio, cuando una situación está muy polarizada, sea el Brexit, las elecciones de Trump, la independencia de Cataluña, etc., eso crea dos focos muy polarizados donde es mucho más fácil que, en esta línea de ‘posverdad’, pueda llegar a circular mucha más información que una parte la da como verdad aunque no sea cierta.
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Existe un sector de la población que desconoce muchos aspectos de las redes sociales, a pesar de que hacen uso de ellas. ¿Falta alfabetización social en el mundo digital?
Es verdad que la respuesta siempre ante la desinformación es la alfabetización, las múltiples (mediática, de datos, científica, etc.). A veces la alfabetización, como yo siempre digo, parece una respuesta a medio y largo plazo y es necesaria, pero a la corta algo tienes que llevar a cabo que sea diferente. No solo es Twitter. Si consideramos WhatsApp como una red social, es la peor, primera porque no puedes llegar muchas veces al fondo para conocer quién es la autoría y, sobre todo, porque la gente mayor o con menos capacidad de alfabetización recibe la información 'por detrás' y por sus contactos de confianza. Muchas veces piensan que aquellos contactos ya lo han verificado, porque sino no se lo enviarían, entonces bajan la guardia y se lo creen. Sin duda a la gente le cuesta mucho saber cómo verificar y el mayor problema es que acabemos pensando que todo aquello que nos llega es falso. Ese sería otro de los problemas. La sensación de que todo es mentira para una democracia es un gran problema, y es aquí donde las fake news y la desinformación son una de la causa o consecuencia de la propia crisis de las democracias liberales y, por eso, en ese sentido, es tan importante luchar contra la desinformación, porque al final lo que está haciendo es minar la confianza de la sociedad en su propio funcionamiento.
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Hay veces que el lector tiene unos referentes bases que tienen la verdad, pero estos responden siempre a algo (intereses económicos, políticos, etc.) ¿Cómo podemos encontrar referentes en los que fiarnos si todos responden a algún interés?
Uno de los principales consejos es una “dieta digital” plural, es decir, ¿a quién seguimos en Twitter? Hay que intentar tener a medios de comunicación afines, pero también los otros, porque el propio ejercicio de contrastar una misma noticia por lo que están diciendo tus medios y los otros medios es importante, como mínimo, para no tener una visión no parcial de la realidad e intentar hacerte tu propia idea. Eso no va a hacer que si a tus medios les cuelan una fake news tu visión sobre las cosas cambie, lo que querrá decir es que aquel medio simplemente no ha verificado bien una determinada información, pero cuanto más rica y plural sea a quien sigues, tus canales, etc., mucho mejor. También tenemos que contar con que los medios de comunicación no sean neutrales, tendrán su línea editorial, su visión, sus intereses económicos y políticos, etc., conocerlo no implica que su contenido sea más cierto o incierto, lo que implica es que entenderemos mejor el ecosistema. La propia alfabetización mediática ya implica eso, conocer el ecosistema de los medios de comunicación, saber su línea política y elegir aquella que tú crees por su solvencia y su relación con aquello que tú ya crees. Lo que es seguro es que seguir a un solo medio de comunicación estaría contraindicado.
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¿Deberían las redes sociales potenciar controles para frenar la propagación de los bulos?
Sin duda es un tema muy interesante, como medios de comunicación o lugares donde la gente se informa es verdad que han tenido que asumir responsabilidades. La propia Unión Europea, que a partir de 2018 empieza a hacer informes de la lucha contra la desinformación, creó un código de buenas prácticas donde están Meta, Twitter, Tik Tok, Microsoft, etc. Las grandes operadoras y redes sociales se añaden a este código de buenas prácticas de la Unión Europea donde dicen qué van a hacer para luchar contra la desinformación. Alguna de las partes va muy ligada a los procesos electorales y ahora estamos viendo cómo Facebook es capaz de decir quién está anunciando qué en un periodo electoral, en base a qué objetivos y quién lo paga. Esto es muy importante para saber si te están proponiendo que veas videos de alguien que tiene un papel dentro del proceso electoral. Pese a esto, hay veces que parece no ser suficiente, es decir, existe la responsabilidad de hacer las buenas prácticas, pero las redes sociales cada vez más van tomando un papel.
En el caso de Trump y Bolsonaro, empezó Twitter a etiquetar algunos de sus contenidos. Un ejemplo fue cuando defendían el uso de la lejía, lo etiquetaban como información no verídica. Twitter luego dio un paso adelante otra vez y cerró el perfil de Trump (lo hizo tarde porque ya había perdido las elecciones y sucedido lo del Capitolio), pero existe también un debate sobre cómo percibimos a las redes.
Muchas veces las vemos como un ágora y un espacio digital, pero no olvidemos que son espacios privados. Hemos creado el discurso de que era como la plaza del pueblo donde la gente podía hablar, pero recordemos, no es una plaza, es un espacio privado, es un bar, no una plaza, y, por tanto, tiene sus normas y dentro de esas norma tú puedes obligar, pero evidentemente Twitter, Facebook, etc. tienen sus intereses.
MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ
Subdirector de programas de la
Fundación FAD Juventud
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¿Cómo ves la relación de los jóvenes, sobre todo con las tecnologías, pero también concentradas en la información?
Hay de todo. Hay tantas juventudes como jóvenes, entonces no es fácil hablar de una cosa, ni de dos ni de tres, a veces hemos hecho categorizaciones, divisiones o agrupaciones de cómo son los y las jóvenes. Vemos que predominan en ellos y ellas el uso masivo de tecnología. En el último índice que hacemos comparado con el resto de Europa vemos que estamos por encima de la media europea y muy destacadamente.
Es un espacio absolutamente privilegiado e irrenunciable para la socialización juvenil, y cuando me refiero a socialización hablo de todo, de la formal y la no formal. No es concebible no educarles en el manejo de esa información que les llega de manera, como a toda la sociedad, apabullante y diaria. Cuando hablo de la penetración de la tecnología en la vida digital estoy hablando de conexiones diarias en Internet por encima del 100 %, manejo de diversos dispositivos —con todo lo que hay detrás—, etc. En general, que haya mucha presencia tecnológica en la vida de los y las jóvenes no quiere decir que esa tecnología esté funcionando adecuadamente o sepan manejarla adecuadamente.
Pese a la pandemia, son una relativa minoría los que señalan que sí han recibido formación para más allá de conocer cómo manejar las herramientas tecnológicas, cómo manejar la información que se produce o que se recibe a través de esas herramientas, cómo saber utilizarla de manera adecuada a sus intereses y cómo vivir en ese mundo digital reduciendo los posibles riesgos que haya en él e intentando que esa vida te sea lo más plena y positiva para tu presente y futuro personal y laboral, y ahí es donde tenemos mucho trabajo que hacer. A veces es intuitivo el aprendizaje de las herramientas, a veces se explica y enseña cuando son adolescentes en el centro educativo, por ejemplo, o en la familia, pero se da también el caso inverso, ese manejo instrumental a veces son los propios jóvenes los que lo realizan a gente de su entorno familiar, pero hay algo mucho más importante, manejar la información y tener claro qué está pasando detrás con lo que recibo y cómo manejarlo y hacerlo positivo para mi vida.
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¿Qué papel juegan las redes sociales en el fenómeno de las fake news entorno a los jóvenes?
Es un canal. Hay un importante consenso al respecto entre profesionales y personas que se dedican a este tema. Las redes no son responsables de nada, las responsables de algo somos las personas que estamos detrás de los mensajes, tanto elaborándolos, como recibiéndolos, como malinterpretándolos o reenviándolos cuando no debemos. Las redes son un canal que nos han roto los esquemas y nos facilita enormemente la comunicación, la productividad, la información —si queremos—, la democracia, la participación social… Tienen un sinfín de ventajas, el estar cerca de mucha gente, apoyar mejor las causas sociales, luchar contra discriminaciones, desigualdades…
Son canales, no son ni buenas ni malas, son algo que facilita —o no—, en función de tu esquema de valores y tu posición, el llevar a cabo acciones positivas o negativas. Lo que ocurre es que ese facilitar nos sitúa en una absoluta necesidad de formar en entender cómo es ese canal, qué pasa cuando se utiliza, cómo se debe utilizar de una manera más adecuada y formar, en este caso a adolescentes y jóvenes, en la utilización positiva, no solo en su día a día y en su ocio, que también, sino en su presente académico o laboral futuro. Es importante conocerlas, y conocer no solo el manejo instrumental, sino para qué nos pueden servir, cuáles nos pueden interesar, cómo funcionan y cómo podemos hacer que funcionen de una forma más positiva para nuestros valores e intereses, entendiendo que se educan para que sean beneficiosos, primero, para mi propia persona, y luego para la comunidad en la que vivo. Para mí son canales muy interesantes.
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¿Son los jóvenes conscientes de que la inmediatez puede llegar a generar un problema?
No siempre lo son, y es importante hacerles ver eso, que puede llevarles a tener un problema y que este uso adecuado, esa socialización, esa educación positiva, ese crecimiento personal presente no tiene que dejarse llevar por esa inmediatez. Hay que tener claro tus principios, tus valores, lo que tú quieres llevar a cabo, y dentro de ese esquema de utilización positiva, de dónde me encuentro y de la capacidad tan enorme de comunicación con mucha gente, el que predomine la decisión y la reflexión. El concepto clave de todo esto es el pensamiento y reflexión crítica de qué quiero hacer yo, dónde me quiero posicionar yo, cómo quiero utilizar esa información que recibo y para qué fines la estoy empleando. Esto no encuadra con la inmediatez, encuadra con la prudencia, la reflexión, la toma de decisiones razonadas y no con la emocionalidad a la que, evidentemente, las redes facilitan, pero no son las responsables de que esto ocurra. Hay que conocerlas, saber cómo funcionan y cuál es su lógica.
Podemos utilizarlas o no en nuestro beneficio en función de que conozcamos cómo funcionan. En ellas puede primar la inmediatez y la emocionalidad, y son conceptos que cuando decimos que hay que educar mediáticamente e informacionalmente en contextos digitales nos estamos refiriendo a esto, a entender que no debemos dejarnos arrastrar y tener herramientas para no dejarnos arrastrar por esa inmediatez y esa emocionalidad, porque pueden tener (no siempre) repercusiones no positivas tanto para nosotros y nosotras como para los demás. El responder con inmediatez y unido a eso desde la emocionalidad, puede tener sus consecuencias. Hay que conocerlo, hay que saber que existe, pero también cómo manejarlo y cómo evitarlo.
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¿Fallamos en cómo nos informamos?
Hay gente que sí, y yo el primero. Todos los días me llegan bulos, me llegan todo tipo de desinformación y no solo fake news, sino también clickbaits. Soy victima potencial de todo, como cualquier usuario en la red, de todo tipo de desinformaciones en medios tradicionales, en medios digitales… Hay mucho tipo de desinformación cada día mejor hecha o cada día mejor pensada, más fácilmente alcanzable para mucha gente porque la tecnología nos lo va permitiendo, estoy pensando ahora en los deep fakes, por ejemplo, en los vídeos falsos. Puedes en un momento dado, si estás con la guardia baja de la inmediatez y la emocionalidad, contribuir o alimentar esa desinformación generalizada. Evidentemente sí que fallamos en cómo nos informamos. Hay gente que vamos a fallar siempre. No se trata de aspirar como utopía a que nunca hubiera esto, a que la prevalencia de que ocurrieran hechos de desinformación fuera cero, eso es una utopía, no va a pasar, pero sí educar cada vez más a la gente para que la pueda manejar, identificar y actuar frente a ella. No tenemos que preocuparnos tanto en si fallamos, sino en que fallamos lo menos posible.
Ahí detrás hay mucho trabajo, no es un cursito de cuatro horas, no es una charla en el instituto, no es una charla o un curso online de padres y madres, se trata de un trabajo que debe ser constante, permanente, ajustado a las nuevas situaciones y posibilidades de esa desinformación que aparece. Ha existido siempre, pero va adoptando nuevas maneras y fórmulas. El pensamiento crítico tiene que ser algo permanentemente encendido en tu cabeza, no es ser más listo, no tiene que ver con la inteligencia como capacidad, sino con una forma de pensar y estar en el mundo para todo lo que te rodea, tanto si es informativo como si no, el distanciarte, el tomar decisiones, darle una vuelta al tema y teniendo en cuenta dos cosas fundamentales que son la empatía, el entender de dónde puede venir esto y porque y para qué me sirve a mí, y eso tiene que ver con quién eres, con conocerte, y saber quién quieres ser.
SERGIO SANGIAO PÉREZ
Periodista de datos, transparencia e investigación y Coordinador de Maldito Dato
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¿Existe algún componente informativo que marque si un bulo se extenderá más o menos?
Yo creo que es más fácil que se extienda cuando apela a los sentimientos personales del lector. La verosimilitud puede ayudar, nosotros pensamos que son mucho más difíciles de creer, pero a lo mejor hay gente que se lo cree. Tampoco nos podemos olvidar que hay gente que se los cree. Hay que bajarse un poco del estrado de pensar como élite, no todo el mundo es Twitter, ni lee diariamente los medios de comunicación, y algo que a nosotros nos va a parecer que es un bulo y que no se lo va a creer nadie, nos llega y hay gente que nos pregunta. Lo que dicen muchos estudios es que es más fácil que nos lo creamos cuando va de nuestra cuerda política y reafirman nuestro pensamiento y nuestras ideas, pero, claro, ahí ya depende las de cada cual.
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¿Hay un problema de sobreinformación o de falta de educación entre el público sobre las noticias y el fact checking?
Es cierto que hoy en día tenemos acceso mucho más rápido, mucho más inmediato, a muchas más fuentes de información posibles, pero tampoco tiene porqué ser malo. ¿Eso hace que la desinformación se viralice más rápido o se genere o se distribuya en mayor cantidad? Sí, pero también la información. Tiene su parte buena y su parte mala. Estamos en una situación de guerra, que, evidentemente, es una desgracia, pero, ¿en cuántas guerras anteriores tenías acceso si querías a fuentes de los países en conflicto? ¿Hay desinformación de la guerra corriendo por redes sociales y hay gente que se la está creyendo y gente que la está distribuyendo? Sí, pero también tenemos acceso a las imágenes extrasatelitales que ha sacado el New York Times desmintiendo al Kremlin. Este nuevo contexto que estamos viviendo tiene sus peligros pero también sus fortalezas y esos puntos positivos que tenemos que reforzar entre todos.
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¿Qué papel juegan los grandes medios de comunicación en el fenómeno de la desinformación?
Creo que los grandes medios cuando emiten o publican una desinformación o un bulo, normalmente puede ser por las prisas, o alguna vez por una mala praxis concreta y demás, pero no es con una mala intención que tenemos pensada de que los grandes medios quieren desinformar y nos quieren engañar. Una cosa es estar verificando y revisando una información, y otra cosa es que tengas al jefe detrás diciéndote que tienes que cerrar esa pieza para publicar, porque llega el informativo, o que tienes que cerrar la edición del periódico y tiene que salir. Todos nos podemos equivocar. Nosotros también nos equivocamos, Maldita tiene su propia política de rectificación y corrección, que es pública, y se explica cuando nos equivocamos. Creo que es importante, más allá de cambiar todas las dinámicas que les ha llevado hasta aquí e intentar luchar contra esa dictadura de la inmediatez y esa rapidez que hoy en día les hace cometer errores, la política de corrección y rectificación, ya que hay medios grandes que no lo hacen. Publican algo, que a lo mejor no es un bulo completamente en sí, pero no está bien contextualizado, entonces deciden que hay que rectificar para explicarlo bien y cambian lo que tienen publicado, pero no avisan del posible error al lector. Eso es lo que creo que deberían arreglar todos, porque que algunos todavía no lo hagan es preocupante. Puede que te llegue la primera versión de la noticia, te lo creas y luego lo han cambiado y ni te das cuenta, porque como no indican la corrección ni los cambios...
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¿Qué aportan herramientas como Maldita en la lucha contra las fake news?
Maldita es un medio de comunicación y una fundación sin ánimo de lucro que busca luchar contra la desinformación. Ese es nuestro rol, y también dar herramientas a la comunidad, o sea a la sociedad. No es solo explicarle a quien nos lee que esto en concreto es falso y es un bulo, sino también darle herramientas para que no se la cuelen. Es fundamental la labor que hacen los compañeros de Maldita Educa en cuanto a formación y alfabetización mediática, porque tenemos que ir entre todos hacia ahí. No es solo el que seas capaz de ir a un medio de verificación a buscar un posible desmentido porque crees que algo es un bulo, que esto ya está bien porque se te está despertando la alerta de que podría ser un bulo, sino que tú mismo tengas herramientas para que cuando te esté llegando sepas identificarlo.
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Hemos visto la 'serie' Destino España que habéis realizado en Maldita y tú hablas de que, pese a la ley de transparencia, costó lo suyo que el Ministerio de Sanidad entregará la base de datos. ¿Por qué sucede esto?
Yo creo que el problema que tenemos en España viene de muchas vertientes. Por un lado, tenemos una falta de cultura de transparencia como país y como sociedad. Las sociedades anglosajonas o las sociedades nórdicas llevan muchos más años de leyes de transparencia y de según qué medidas que han calado en la sociedad, entonces la ciudadanía está más consciente de cuáles son sus derechos en cuanto a información pública. En España creo que no lo tenemos asumido, es como que, sí, todos tenemos asumido que el dinero de la administración es dinero de todos, es dinero público, y que si un político o un gobernante se lleva dinero de ahí nos está robando a todos, pero no asumimos que la información de la administración, de los gobiernos, los datos, las bases de datos, etc., todo eso también es nuestro. Son datos públicos y si no hay nada que lo impida deberíamos poder tenerlos. Por eso yo creo que hay, por un lado, ese problema y, luego, está el problema de que los partidos políticos creo que no han sabido leer la importancia de que avanzáramos a nivel de transparencia. Tenemos ley de transparencia y consejo de transparencia desde el gobierno de Rajoy, que tuvo incumplimientos en ese sentido y no actuaba todo lo bien que tenía que actuar, pero ha llegado el gobierno de Sánchez y en lugar de mejorar vamos para atrás. No es cosa de colores políticos, ni unos ni otros han querido saber leerlo, y cuando han estado en el poder han puesto un poco de cortapisas a lo que ya nos permite la ley. De hecho, ahora se va a reformar, si todo va bien, y hay que estar pendientes a ver qué reformas acaba proponiendo el Gobierno en ese sentido, porque no pinta que realmente vayamos a mejorar nuestra situación en cuanto a transparencia y derecho de acceso.
NOA DE LA TORRE
Presidenta de la Unió de Periodistes Valencians
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¿Qué son las fake news?
Las fake news son las mentiras, los tradicionales bulos. Siempre han existido. No estamos en una época en la que por primera vez se cuelen las mentiras o las fake news en los medios de comunicación, porque acordaos de lo que antes conocíamos como globos sonda, informaciones que no eran ciertas, pero que aprovechaban determinadas instituciones para colar a los medios y sondear a la opinión pública. Desde el punto de vista de los medios o periodistas, si es una información que te transmite una fuente oficial o fiable, en principio, ¿Por qué no darle credibilidad? Eso es una cosa, lo que pasa es que hemos pasado a esta época que, mezclado con las redes sociales, la propagación a una velocidad vertiginosa de todo tipo de informaciones que justamente coincide con el fenómeno, también propiciado por esto, de los pseudomedios o pseudoperiodismo. A fake news le llamamos a la difusión de todo tipo de bulos, por todo tipo de canales —redes sociales y pseudomedios—, e incluso podemos llegar a ver cómo en medios de comunicación tradicionales se pueden colar, a veces, fake news, precisamente porque no ha habido una tarea de comprobación rigurosa. Ahora mismo con las redes sociales y la multiplicidad de fuentes informativas, ya que cualquiera puede ser fuente y emitir una información, da lugar a toda una difusión de informaciones que es todavía más difícil de comprobar. Precisamente por eso el valor del periodismo es estar al tanto y realizar esa tarea de comprobación para evitar contribuir a la difusión masiva de bulos.
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Las fake news hacen que la verdad sea cada vez más difusa. ¿Cómo afecta esto al desarrollo social y la democracia en sí?
Ahora mismo las fake news se están utilizando como un arma de desinformación masiva precisamente para condicionar a la opinión pública, condicionar el voto… aprovechándose de una circunstancia y es que, nosotros como Unió de Periodistes estamos dentro de la FAPE (Federación de asociaciones de periodistas de España), que tiene todo un programa de alfabetización mediática que nosotros aquí en la Unió de Periodistes aplicamos aquí en institutos valencianos y que básicamente sacamos becas para que asociados periodistas imparten talleres de alfabetización mediática a alumnos de secundaria.
Es cierto que en una parte importante de la ciudadanía se desconoce algo tan básico como la necesidad de informarse por canales solventes o fiables. Facebook no es un MMCC en el que informarte. El hecho que aparezca una afirmación, no digo ni noticia, no quiere decir que sea verdad, y hay una parte de la sociedad que piensa que es así, o que cualquier cosa que te pasa tu amigo por un grupo de WhatsApp es verdad, y no es así. Creo que el poder de las redes sociales a la hora de difundir masivamente informaciones sumado a que una parte importante de la población no está alfabetizada mediáticamente hablando, creo que contribuye a escampar la desinformación que, como dices, tiene incluso unas consecuencias políticas de desinformación. Yo me atrevería a decir que hay determinados grupos que lo utilizan para debilitar los pilares mismos de la democracia.
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¿Qué está fallando en las nuevas rutinas periodísticas?
La inmediatez es una de las claves. Hay mucha presión por ser el primero en publicar algo, en sacar cuanto antes una noticia, incluso puedes sentir la presión de que un medio lo saca y tú, sin confirmar la información, con la presión de sacarlo cuanto antes, lo lanzas sin comprobarlo. El ansia por conseguir los clics también te mueve a sacarlo cuanto antes, porque desde un punto de vista de SEO cuenta el que tu seas el primero. Toda esa presión va en detrimento de un periodismo de verificación, no de verificación, porque en la esencia del periodismo ya va la verificación, pero creo que de alguna manera juega en detrimento nuestro porque tenemos mucha presión para trabajar de una manera ágil y muy rápida y no siempre casa con el hecho de confirmar ciertas informaciones.
Para que entendáis un poco la importancia de confirmar las informaciones. Cuando en las informaciones sobre violencia de género a veces aparece una noticia sobre un hombre mata a una mujer y enseguida en las redes se empieza a decir que es violencia de género, cuando tú a lo mejor no lo tienes confirmado todavía, la policía no te lo ha confirmado. De alguna manera se te echa en cara que no has dicho que le ha asesinado su marido, y es que yo no lo tengo confirmado. Hay una presión social para vender una determinada lectura, que luego se puede confirmar o no.
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¿Qué papel juegan las personas de ‘a pie’ en la lucha contra este fenómeno?
La ciudadanía no es culpable de la desinformación. De hecho, hay que poner el foco en que hay determinados grupos e intereses en promover esta información, pero sí que, como ciudadanos, tenemos que ser conscientes de que se nos puede utilizar para esos fines que no son lícitos. Por eso, insisto en la alfabetización. Tenemos una responsabilidad como ciudadanos, no quiere decir que seamos los culpables pero que podemos ser usados para contribuir a la desinformación, sí.
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¿Fallamos en cómo nos informamos?
Creo que sí, dado que hay mucha gente que piensa que cualquier cosa que le comparte un amigo por wasap es verdad. Y yo no digo tampoco que cualquier cosa que aparezca en un medio de comunicación sea verdad o no tengamos que dudar o mirarlo con perspectiva crítica, pero precisamente por eso es importante que sepamos que hay que informarse de fuentes fiables y cuanta más fuentes mejor porque nos ayudará a tener diferentes visiones y perspectivas de un tema.
Mª DEL CARMEN GÁLVEZ DE LA CUESTA
Doctora en Ciencias de la Información y experta en Alfabetización Mediática, Comunicación Digital y Competencia Digital
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¿Cómo definirías el concepto de alfabetización digital o mediática?
Son dos términos distintos. La alfabetización digital en sí, en el momento en el que estamos, abarca toda una serie de características relacionadas con el consumo digital, que cada vez son más amplias. Ya no son nuevas tecnologías. Tienen 40 años, nuevas ya no les podemos llamar. Todas las tecnologías digitales y todo lo que se requiere para su uso y su incorporación a la vida diaria; eso sería la alfabetización digital, el conseguir que todo el mundo tenga unos mínimos conocimientos que le permitan ser un usuario básico y poder realizar en su vida diaria determinadas funciones, que cada vez son más comunes en diferentes contextos. La alfabetización mediática va por otra parte. Implica también tener ciertos conocimientos en alfabetización digital, pero va más allá en lo que se refiere al consumo de los medios y ya no solo de los medios tradicionales, que es lo que deberíamos haber hablado ya hace mucho tiempo, sino de los medios digitales que se han incorporado a nuestra vida diaria. Es muy importante, en todos los niveles y en todas las edades, ser capaz de conocerlos, interpretarlos y ser críticos con ellos.
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Hemos estado leyendo que Elon Musk —posible nuevo dueño de Twitter— quería hacer de la red social un espacio de debate, pero, ¿cómo podemos pensar que una persona como él quiere hacer de Twitter un espacio de debate?
Twitter tiene un problema fundamental, bueno es un problema de casi todas las redes sociales, pero en Twitter es grande, que es que esa forma de compartir información o de informar siempre va a chocar con todo el mundo del anonimato, de los haters y las dificultades que implica mantener una conversación real. En Twitter se pueden encontrar informaciones de mucho valor y discusiones que al final lo que aportan es conocimiento, pero es cierto que hay un entorno que funciona de esa manera oculta de no revelar quienes son y lo que hacen es perjudicar este tipo de sistema constructivo que, desde un punto de vista constructivo, sí que está bien. No es solo una sola persona, es todo el entorno, evidentemente son empresas, eso hay que tenerlo claro. Cualquier medio también es una empresa, y no trabaja por amor al arte. Esas estructuras tienen que tener una financiación, unos fondos y tiene que haber alguien detrás con unos objetivos claros de ganancia, sino no tiene sustento ninguno. Luego, los usos que la ciudadanía hace de él son muy incontrolables. Las redes sociales si tienen algo es que han ido evolucionando de una forma que no era la previsión inicial, y eso es una adaptación de cómo van surgiendo y es digno de reconocer que en muchos casos nadie esperaba cómo iban a funcionar a posteriori. Prever cómo puede funcionar alguna información es muy complicado.
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Leímos un artículo titulado ‘Alfabetización digital, competencias mediáticas y Open Data’ en el que citabais que: «Los avances tecnológicos y escenarios digitales han traído consigo una falta de certeza o conocimiento estable, al interior de las actuales generaciones de ciudadanos». ¿Qué problemas puede generar esto a la ciudadanía?
Al final lo que hay, por una parte, es que existen muchas dificultades para entender o saber qué es lo que nos están contando como real o irreal. Hemos vivido situaciones como las de la pandemia donde los propios desequilibrios entre la misma sociedad y las opiniones en algo como la ciencia se han visto de forma palpable. Existe al final la infoxicación, tenemos un sobreexceso de información que nos lleva muchas veces a realmente no tener claro quién nos está dando la información real y, aunque es cierto que podemos hacer grandes esfuerzos para ser críticos, también tenemos que tener presente que no todo el mundo quiere hacer ese esfuerzo y que no todo el mundo tiene las competencias necesarias. Esas competencias no son fáciles de adquirir y ni siquiera quienes tienen una formación que se puede entender como suficiente están libres de que nos las den con queso en algún momento.
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¿Qué papel juegan las personas en la lucha contra la desinformación?
Es deseable que todo aquel que sea capaz, de alguna manera, de hacer frente a la desinformación, lo haga, lo que pasa es que es un ejercicio de enanos contra gigantes. Aun así, hay iniciativas, hay montones de iniciativas de verificación o el ser capaz de, desde nuestro conocimiento, poder decirle a alguien que eso es irreal o que le están confundiendo. Yo creo que es un papel importante pero no definitivo. Creo que la solución, por una parte, está en la formación de la ciudadanía, en que la ciudadanía quiera esas competencias desde la escuela, creo que es el primer lugar en el que se tiene que trabajar y por ahí tiene que pasar también la competencia digital de los docentes.
La desinformación es a veces incluso peor que la información falsa, ya que le estás trasladando a alguien algo que le va a hacer sumir en la duda, la falsedad y en algo que no tiene nada que ver con lo que realmente está pasando, pero muchas veces nos quedamos ahí o incluso porque me lo han enviado mis amigos yo lo reenvío también. Hay que hacer el ejercicio de que cuando alguien conocido nos envíe algo, antes de empezar a pasarlo, al menos contrastarlo y saber si es verdad, para evitar que esa rueda siga funcionando.
Las plataformas de verificación no son suficientes y, además, sucede otra cosa, la gente que normalmente va a las plataformas de verificación son los que se preocupan por saber si algo es o no verdadero, pero no es el típico perfil de quien cualquier cosa que le llega es capaz de darle difusión. Entonces, es una aportación, pero en su mano no está el controlarlo. Esto pasa muchísimo más porque la ciudadanía, en líneas generales, tenga esas capacidades y eso es simplemente una cuestión de formación, pero es una cuestión de tiempo también. No es sencillo. Creo que tiene que existir también cierta disposición, es como el tú porque votas, pues voto porque hago un ejercicio de ciudadanía responsable, pues yo creo que esto, con el tiempo, se tiene que entender como un ejercicio de ciudadanía responsable.
MANUEL GÉRTRUDIX BARRIO
Profesor Titular de Comunicación Digital en la Universidad Rey Juan Carlos, coordinador del grupo de investigación Ciberimaginario y coeditor de la revista científica Icono14.
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¿Qué características definen al ecosistema digital actual?
Resumirlo en poco es difícil. El ecosistema digital lo que tiene es diversidad, multiplicidad real de voces, de canales, de estrategias, soportes… Representa —en la parte buena— ese desiderátum de la comunicación multidistribuida con la capacidad de comunicar. Es verdad que eso que técnicamente es viable esconde alguna cara B. Tiene una ventaja en el sentido de que todas las voces se pueden escuchar, pero ese mismo factor tiene un inconveniente y es que ha generado una ilusión de que todas las voces, para todos los temas, valen lo mismo. Eso creo que es uno de los problemas. Yo puedo decir algo sobre este ámbito, porque me dedico a ello y trabajo todos los días, pero si me estuvieran preguntando sobre instalación de paneles solares pues tendría el mismo conocimiento que cualquier otro ciudadano que se ha preocupado por saber cómo funcionan, pero no me podría ir a una tertulia o dar clases en Instagram, Twitter o Tik Tok sobre lo que son los paneles solares, mi voz no va a ser la misma que la de un especialista que todos los días pone diez instalaciones. El aspecto positivo es que ha democratizado la participación, la capacidad de intervenir activamente en el discurso social, no solo en el mediático. Ha democratizado los medios de producción.
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¿Cómo está afectando el nuevo ecosistema digital al mundo de la información y la comunicación y más concretamente en el de la desinformación?
Cuando hablamos de ecosistema digital, como pasa en todos los ecosistemas, se va transformando, y el ecosistema digital en el que vivimos ahora, en el periodo postpandemia, ha cambiado y va a seguir haciéndolo. Es verdad que lo que hemos descubierto en los últimos años es que esta capacidad de intervenir en el discurso social a través de los medios en este ecosistema digital general tiene la ventaja de que la información llega muy rápido, pero también el inconveniente de que llega de forma absoluta y cuesta hacer emerger lo relevante de una cantidad de información que acaba generando desinformación. Se genera cada vez más nichos de información, por edad, por intereses, etc., lo que ahonda en algunas brechas digitales, es decir, el discurso social se produce —pasa mucho con los jóvenes— en redes que son muy ajenas a lo que está pasando para otros grupos poblacionales, no digamos ya entre países.
Todo requiere, por un lado, que los ciudadanos tengamos nuevas habilidades y competencias que se conocen ahora como alfabetización mediática o infomedial, es decir, requiere entrar en cualquier aspecto científico de una complejidad enorme, pero estamos surfeando constantemente, es como si estuviésemos en una profundidad de información en las fosas de las Marianas, pero estuviésemos en la superficie. Como además tenemos unos medios que también condicionan la forma de consumir información, al final cuando manejamos Tik Tok o Instagram un mensaje borra el siguiente, es difícil que uno repare en nada, porque un impacto informativo borra el anterior.
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¿Es el nuevo entorno digital un ecosistema perfecto para la difusión de fake news?
Vivimos en una sociedad plenamente numérica; una realidad en la que cada elemento, cada acción, cada intención, cada deseo y hasta cada pensamiento se traduce, por medio de los sistemas y tecnologías de la información, en números. Hay cadenas binarias que son tratadas, procesadas, analizadas e inferidas con diferentes y diversos propósitos.
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¿Las estructuras de la mayoría de las redes sociales buscan reducir nuestro pensamiento reflexivo y crítico?
Yo lo que creo, ligado a lo que decíamos antes, es que lo que ha cambiado es la dieta mediática. Comerte un snack no es un problema, lo que es un problema es comer todo el día y todos los días un snack. ¿Qué ocurre? Comerte una bolsa de patatas fritas es fácil: la coges, pagas lo que cuesta, lo abres, te lo comes y ya. Hacer un cocido, por ejemplo, lleva mucho tiempo, son horas. Seguramente me voy a alimentar mejor si hago algo más elaborado. En la dieta mediática pasa exactamente igual, el problema es cuando yo analizo la dieta mediática de alguien y toda la información que le llega son breves de 144 caracteres o 288, o le llega a través de 200 imágenes que ha visto ese día en Instagram o videos en Tik Tok, si eso es lo que te informa, es difícil.
Cuando pensamos en la historia a largo plazo, la historia es un devenir, no es un momento, salvo momentos. Entonces para entender la historia tengo que ir a leer, ver qué pasó, cómo pasó, ver distintas fuentes y veré que hay contradicciones, visiones distintas… ¿eso qué es? Es suspender todo sobre un fenómeno e ir a descender. Lo que necesitamos al final es educar en esa suspensión crítica. Las redes, por su lógica, son un tobogán, lo mismo veo un cadáver o me informas de algo terrible —si no lo han censurado— y al momento estoy con el Moto Mami. Muchas veces digo, qué procesa mi cabeza cuando de repente estoy leyendo una información y bajo algo que no tiene nada que ver. No sé qué pasa en la cabeza de ese cuidando.
Evidentemente, estos medios —Internet— favorecen eso. Yo no penalizo al medio por el medio, no me parece que el medio sea malo en sí, lo que es malo es si solo es eso, si de repente estos medios son la única fuente de información, que ahí es donde creo que tenemos el problema.
JULIÁN MACÍAS TOVAR
Creador de Pandemia Digital
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¿Son la inmediatez y la necesidad de conocer aquello que pasa al momento problemas para luchar contra las noticias falsas?
Yo creo que hay un debate en el periodismo desde el punto de vista de negocio. En redes sociales, cuando hago formación de qué es lo que funciona, muchas veces lo que digo tiene que ver con la actualidad, ser el primero que publica algo muy relevante de lo que todo el mundo habla y publicar el mejor contenido, sea la mejor foto, mejor vídeo… Es un éxito asegurado de viralidad. Creo que en los medios de comunicación pasa algo parecido. Si eres el primero en dar la noticia, eso es un componente importante, pero yo creo que necesita unos mínimos, es decir, darlo inmediatamente, pero cumpliendo otros elementos que son necesarios en el periodismo. Tenemos un problema grave y unos de los elementos puede ser la inmediatez, que puede explicar algunos errores, que para mi son inexplicables, por ejemplo, al inicio de la guerra, poner videojuegos.
Cada vez se están marcando más las líneas editoriales, el trabajo periodístico neutral cada vez se va reduciendo más y cada vez más periodismo de trinchera militante que ataca y tiene un objetivo que no tiene que ver con la información, sino con qué es lo que yo pretendo con la herramienta que tengo, que es este medio de comunicación.
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Centrado en Twitter, ¿cómo podríamos definir a los ‘bots’ y qué papel juegan en el proceso informativo?
Lo primero es que tendemos mucho a generalizar y realmente no hay muchos bots. Luego, hay buenos y malos. Un bot es una cuenta automatizada, entonces, por ejemplo hay servicios de información sísmica o de incendios que son bots, son cuentas que automatizan la información. Yendo a lo que la gente suele llamar bots de manera negativa, lo primero es que se usan bastante en campañas de desinformación, de ataque o de odio y normalmente son varios elementos que la gente suele confundir.
Por un lado, un bot puede ser una persona real, es decir, una cuenta de una persona real que automatice sus tweets. Incluso famosos, políticos, etc. que le dan la clave de la cuenta a un señor que organiza y programa los tweets, pudiendo organizar miles de cuentas. Luego también están los troll center, que son como agencias de comunicación que contratan a gente para que cada una de esas personas administre un número elevado de cuentas.
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¿Es la maquinaria mediática y política superior a las herramientas que se tienen para frenar la desinformación?
Sí, sí, la maquinaria mediática y política es superior, es como un martillo frente a una hormiga o un tirachinas contra un tanque. Es increíble porque precisamente —y es triste— las propias plataformas —que son como monstruos empresariales— y los grandes medios de comunicación, en cierta manera, tienen sus sinergias para informar a la población de manera no adecuada. Pero esto es una guerra histórica; los de abajo contra los de arriba, David contra Goliat, el niño de Gaza tirándole un tirachinas a un tanque de Israel…
Yo creo que hay un espacio de lucha por las libertades y los derechos que tenemos la ciudadanía donde la manera de actuar —como con otras cosas— es sindicarse, organizarse, coordinarse, crear un frente común que no esté ideologizado, sino que sea muy transversal y que se de con el avance derechos que están arrebatados como por ejemplo el derecho a la información veraz.
Tenemos muy buenos periodistas, hay muy buenos medios, hay un espectro muy grande, pero si nos vamos a los grandes medios, a las televisiones principalmente o a los periódicos de mayor tirada, o a las radio más escuchadas —creo que se salvan algunos digitales, pero que son medios independientes— diariamente nos mienten, pero nos miente con una intención, no por las prisas. Tienen una intención, un objetivo, se les paga para que hagan un trabajo en la sociedad que precisamente no es informarnos y esto, una vez más, se debe a la falta de un marco regulatorio y a la impunidad frente a otros negocios. A un frutero no le permiten vender fruta podrida o a un conductor no le permiten ir borracho a 200 por hora; le van a quitar los puntos, le van a quitar el coche, le quitan la frutería o le quitan la carnicería. Eso en los medios de comunicación o en el periodismo no pasa.
MAR IGLESIAS GARCÍA
Presidenta de la Corporació Valenciana
de Mitjans de Comunicació
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¿Qué está fallando en las rutinas periodísticas?
Lo que está fallando es que realmente los medios de comunicación no están cumpliendo su tarea, no están cumpliendo el servicio público para el cual han sido creados. Se han creado para informar, no para desinformar. Si un medio de comunicación desinforma porque tiene un posicionamiento político, ese posicionamiento ya no es información, sino desinformación. Tenemos en este momentos una polarización muy grande que no habíamos tenido hasta ahora. Existía, pero no se habían encontrado esas herramientas para tratar de llevarse cada cual en su lado una razón que no tiene porque ser ni de unos ni otros. Esa polarización de o conmigo o contra mí también se da y es muy importante saber qué es desinformación.
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¿La polarización se da a causa de una falta de independencia por parte de los medios?
Sí, y tanto. Los medios de comunicación tienen unas dependencias y también un perfil muy marcado. Lo que hacen es escribir para el que quiere escuchar. Voy a poner un ejemplo. Un periodista que trabaja para el ABC, pero es republicano. Tiene que vender periódicos y es capaz de hacer una columna diciéndote que la monarquía es lo mejor. Por vender periódicos vendes el alma. Son mercenarios en muchos casos. Predomina la línea editorial antes que la profesionalidad o la ideología de cada cual.
Es importante no salirse de la línea editorial siempre que no se digan mentiras. El periodista tiene que tener libertad para expresar su ideología porque por eso está la pluralidad.
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¿Cómo podrían luchar los medios?
La respuesta siempre es hacer periodismo de verdad. Tenemos que ser honestos con los lectores, tenemos que decir de dónde venimos y hacia dónde vamos. La objetividad no existe, esto está claro desde el primer día. Lo que existe es la honestidad, el que el lector o televidente sepa en todo momento qué es lo que está viendo, qué es la información que le está llegando y quién hay detrás. La cuestión es no esconder lo que tú tienes en tu medio. Mentir es un error muy grande, porque en la hora de la verdad las mentiras tienen las patas muy cortas y al final todo se acaba sabiendo.
